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Caleidoscopik

Henri Cartier-Bresson

A principios de ésta semana que ya se acaba fallecía Henri Cartier-Bresson...aquí le dejo su pequeño rincón , para que no se me olviden sus "instantes" ...



“La fotografía es una sucesión de maravillosas coincidencias que hay que saber atrapar”, dijo el fotoperiodista Henri Cartier-Bresson (HCB) —fallecido el martes a los 95 años— a Michel Guerrin en el transcurso de una serie de entrevistas inéditas que el diario francés “Le Monde” publica en su edición de ayer. Todo el secreto está en ese “saber atrapar” que viene a contradecir o completar la idea de azar ligada a la “sucesión de coincidencias”. En realidad HCB sólo creía en la geometría, en el cálculo. Hace apenas un año decía a la periodista Annick Benoist que “para mí Dios no existe, solo existe el número pi”.

En HCB se hermanan la paciencia del pescador y el rigor del científico. Sabe dónde hay que esperar, lo cual no es frecuente, pero además tiene el valor de hacerlo. Cuando el milagro se produce, él está ahí. “Hay pocos que comprenden que soy un surrealista de la realidad”, explicaba a Guerrin. La frase tiene mucho de provocación, pero aún más de verdad. “Nunca he puesto mi trabajo al servicio de una idea. Me horrorizan las imágenes de tesis. Es el subconsciente el que determina y hay que saber respetarlo”. Dentro de ese rechazo de los prejuicios es lógico que “yo vea lo que otros no ven. Miro y miro… escuchar me es difícil pero nunca dejo de mirar”, explicaba.



El México revolucionario en búsqueda de una identidad, la España republicana que procura salvar vidas en medio de una guerra, París que recupera la libertad tras cuatro años de ocupación, la Unión Soviética que tímidamente se va liberando del estalinismo, la India que pierde a Gandhi, la China de la que se apodera el comunismo de Mao Tse Tung, la Cuba de Castro antes de entrar en el delirio… todos esos países y momentos, así como una Italia cuya arquitectura le fascina o un EE.UU. distinto del de las postales han sido inmortalizados por el objetivo de HCB. “Tomarme tiempo ha sido el único lujo que me he permitido en la vida. La gente apresurada es miserable”. HCB nunca se ha encontrado en un sitio por casualidad aunque luego las casualidades le hayan atrapado. “Cuando llegué a la India llevaba conmigo mi primer libro, el de la exposición póstuma” —el MoMA le enterró en vida— y se lo pude enseñar a Gandhi. Lo ojeó lentamente, mejor dicho, miró cada página, y se detuvo ante la de Claudel que se cruza con un coche fúnebre. Gandhi me preguntó por el sentido de la imagen. Y enseguida dijo: 'Death, death, death'. Eso es todo. Cuarenta y cinco minutos más tarde le asesinaban”.
   Oficialmente había dejado de fotografiar en 1973 aunque eso no era exacto. Seguía atento al mundo. “Leo los diarios para seguir en contacto con la vida cotidiana” y recordaba con admiración a algunos periodistas: “Robert Guillain, Ed Snow, Truman Capote…”, aunque siempre ha procurado mantener sus distancias al respecto. “Es muy peligroso trabajar con escritores: necesitan tres horas cuando los fotógrafos necesitamos treinta segundos. Nos molestamos mutuamente”. El mundo de hoy no le gustaba. “Dicen que los diarios de los 50 gozaban de mejor salud que los de hoy, pero era el mundo el que estaba más sano”.
   Educado y cortés, HCB sabía ser muy cortante. Cuando Coco Chanel habló mal de una de sus amigas él abandonó la casa de inmediato. “Por suerte ya había hecho las fotos, aunque resultaron un poco borrosas”. Tenía países preferidos y otros con los que se llevaba menos bien: “En EE.UU. me siento a disgusto porque nadie habla de la muerte. Prefiero México y España, que son países en los que hay una continuidad natural entre la vida y la muerte”. Decía identificarse con Arsenio Lupin, “el ladrón de guante blanco, pero yo soy un ladrón que en vez de quitar, da”.

Casi nada...

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